HISTORIA DE LA VIRGEN DE LA CANDELARIA

foto virgen candelariaFOTO: El periodista libre

                      En Humahuaca, Maimará, Tumbaya y Cieneguillas La Virgen de la Candelaria ha traspasado fronteras y en JUJUY en nuestro calendario turístico, el 1 y 2 de Febrero no puede faltar, cada año se suman a esta celebración centenares de fieles la festividad se hace eco “Virgen de la Candelaria”. 

El 1º de febrero comienzan las honras a la Virgen de la Candelaria con el tradicional “Baile del Torito” (representación de un toro que encohetillado (tiras de varios cohetes) que adornan el mismo) danzan en medio de los asistentes desatando el asombro y la alegría de todos, costumbre cargada de reminiscencia hispánica.

El 2 de febrero se realizan los actos centrales en honor a la Virgen, con procesión religiosa acompañada por bandas de sikuris y erkes, desfile de gauchos, y demostración de destrezas criollas.

Fueron los españoles quienes trajeron su imagen a los nativos Jujeños, quienes muy enraizados en su religión autóctona rindiendo homenaje a la madre tierra, fingieron adoptar el nuevo culto siguiendo sus propios rituales asimilando la imagen de la Virgen María a la de la Pachamama. No inició su historia en la Argentina ni en Jujuy.

Fue exactamente en Tenerife, entre los años 1400 y 1401, lugar de su primera aparición, donde según cuenta Fray Alonso de Espinosa (invest . de la Virgen), iban dos pastores originarios guanches a encerrar su ganado en unas cuevas ubicadas en el barranco de Chimisay (hoy es un B° de Tenerife, Canarias, España), cuando notaron que el ganado se remolinaba y no quería entrar. Al ver esto, miraron hacia la desembocadura del barranco y vieron sobre una peña, casi a la orilla del mar, la figura de una mujer con un niño en brazos.

Los pastores le hicieron señas para que se retirase, sin embargo, salieron heridos ante sus intentos. Asustados, huyeron y acudieron al palacio del mencey (nombre dado al monarca o rey de los guanches de Tenerife) Acaymo, quien llegó al lugar para ver la famosa figura. Ambos pastores intentaron nuevamente persuadirla y al tocarla quedaron curados. El mencey comprendió entonces que aquella imagen era algo sobrenatural. Entonces el mismo rey quiso llevarla en sus brazos, pero después de un tramo, vencido por el peso, necesitó socorro.

En lugar de la aparición hay hoy día una cruz y en el lugar donde el mencey pidió socorro, un santuario a Nuestra Señora del Socorro. La imagen fue llevada una cueva cerca del palacio del rey, hoy convertida en capilla y más tarde trasladada a la Cueva de Achbinico (detrás de la actual Basílica de Candelaria) para veneración pública, luego que un joven llamado Antón, que había sido tomado como esclavo por los castellanos y había logrado escapar y regresar a su isla, reconoció en la imagen milagrosa a la Virgen María.

Con los años estas prácticas llegaron a un verdadero sincretismo religioso, en : Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Perú, Puerto Rico, Uruguay, Venezuela y ARGENTINA, mientras a la par se fueron creando varias leyendas que intentaban hacer surgir milagrosamente a la imagen de la Virgen de las aguas del legendario Lago Titicaca, o relacionarla con la vida de los incansables mineros.

Precisamente, una de estas leyendas la cuenta Dionisio Quispe, donde “la Virgen con el rostro de una señora elegante serenísima y con un niño en los brazos” se apareció en el siglo XVII a un nativo quien por orden de su amo cuidaba un pequeño caserío ubicado a las riberas de un riachuelo en las faldas del Cerrito Huajasapata. La Virgen le pidió permiso para lavar las ropas de su hijo en el río a cambio de cuidarle el predio hasta su regreso y cuando el nativo regresó con su amo, encontraron “el busto de la Virgen, toda vestida de blanco, con un niño en los brazos y sus ropitas aún mojadas”.

Muchos fueron los milagros que se le atribuyeron desde entonces, siendo el ocurrido en el año 1781 el más importante y el que significó el reconocimiento de todos: “Grupos de sicuris y corneteros acompañaron la procesión, seguida por todo el pueblo, a lo lejos, al divisar el barullo, las luces y agitación, los rebeldes pensaron que era un importante ejército listo y preparado para muchas horas más de lucha y decidieron retirarse antes de combatir con tremendo grupo armado. Para los fue sin duda, un milagro.

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